Mostrando entradas con la etiqueta Datos Precariedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Datos Precariedad. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de mayo de 2008

LA FALTA DE SEGURIDAD AZOTA A LOS JÓVENES

Aumenta la falta de seguridad y salud laboral entre los jóvenes

La seguridad y la salud en el trabajo entre los jóvenes es una asignatura pendiente en el conjunto de la Unión Europea. Con el paso del tiempo no se reducen los riesgos y, desde diferentes organismos europeos, comienza a estimarse la idea de que «no se quiere abordar desde las instituciones europeas» este grave problema. La razón fundamental se encuentra en que la precarización en la UE aumenta y la Comisión Europea no hace nada para frenarla.

Con el paso del tiempo no se reduce el riesgo de accidentes laborales entre los jóvenes. Distintos estudios y estadísticas europeas culpan a la excesiva precariedad laboral de esta situación y, sobre todo, a la falta de actuación desde las administraciones públicas, la inspección de trabajo y los jueces por «su relajación» en este tema para frenar esa dramática situación.

«La tasa de accidentes laborales está en una casi perfecta correlación inversa con el aumento de la edad», según los datos del Instituto español de la Juventud, que reconoce que ha aumentado en un 21% entre los jóvenes en los últimos diez años. Además, la tasa de incidencia de los mismos, que mide las bajas laborales por cada 100.000 trabajadores, es casi el doble entre los jóvenes que en el conjunto total de los accidentes.

Según Laurent Vogel, responsable actual del Instituto de Investigación y Salud Laboral, ETUI-REHS, «el índice de frecuencia de los accidentes en la Unión Europea entre los trabajadores jóvenes es mayor que en sus compañeros mayores».

De hecho, Eurostat confirma el incremento de esa incidencia, puesto que en 2003 el 16,4% de los accidentes laborales supuso un resultado de más de tres días de baja e implicó a los trabajadores menores de 25 años. «En cifras absolutas para la UE-15 esto significa más de 33.000 accidentes de trabajadores menores de 18 años y en el entorno de los 650.000 accidentes de trabajadores entre 18 y 25 años», precisa Vogel.

Tres años después, se ha producido un incremento, según los datos aportados por la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, dado que los afectados por accidentes de trabajo con edades inferiores a los 25 años se aproximan al 20% de media en la Unión Europea.

Este año la Agencia Europea va a incidir en la evaluación de riesgos para conseguir inculcar que una medición de dónde se encuentra el peligro puede evitar un accidente de trabajo. Todavía las empresas no están llevando a la práctica la legislación en materia de prevención, que les obliga a mantener el puesto de trabajo con seguridad y salud. Pero, además de este factor determinante, los expertos reconocen que en el conjunto de la Unión Europea la precariedad laboral está obteniendo una dimensión elevada.

Diferentes estudios confirman que los empresarios han conseguido que la Comisión Europea no entre en este tema «debido a la fuerte competencia del mercado. La ampliación de la UE a los países del Este ha provocado dúmping social, lo que ha indignado a los empresarios. A cambio, han obtenido de la administración europea una relajación en el control de la precariedad laboral que se extiende en Europa», según el Instituto de Recherches Economiques et Sociales (Ires). Esta situación ha provocado que el riesgo a accidentes laborales entre los jóvenes, que era de 2,5 veces más, «vaya en aumento ante la falta de medidas eficaces de prevención», precisa Vogel.

21% Más

La tasa de accidentes de trabajo entre los jóvenes menores de 25 años ha aumentado en un 21% en el conjunto del Estado español en los últimos diez años analizados.

Precariedad

La precariedad laboral se extiende en la Unión Europea. Los expertos reconocen que la Comisión Europea «se ha relajado en su control para favorecer a los empresarios».

miércoles, 19 de marzo de 2008

LA PRECARIDAD TIENE NOMBRE DE MUJER

8 de Marzo: Día Internacional de la Mujer Trabajadora

DIARIO DE UNA PRECARIA

Salió de casa a las 7 de la mañana después de dar el desayuno a todos, vestir a sus hijos, hacer las camas, recoger el cuarto de la abuela, poner una lavadora y asearse velozmente. La jornada laboral comenzaba a las 8, después de dejar a los niños en la guardería y en la escuela.

Su vivienda, alejada del lugar de trabajo le trastorna. Hubiera podido llegar en poco rato, caminando saludablemente, si hubiera comprado o alquilado en los alrededores del sitio donde trabaja. Hay muchas viviendas y están vacías, pero son caras.
La zona donde vive está mal comunicada, los horarios del tren no le vienen bien, y el autobús tarda demasiado, así que se hace imprescindible madrugar.

Como todos los días, su encargado la recibió demasiado afectuosamente, esperando “una respuesta”. Ella le sonrió y prosiguió, aunque con miedo, esperando que a él no se le agotara la paciencia, o acabase fijándose en otra.

Trabaja de limpiadora, haciendo camas, fregando baños o planchando, pero también tiene que estar disponible si es necesario poner un café o servir una mesa. El dolor de espalda la acompaña como cada día. Antes trabajó en una casa, sin contrato, y por la mitad de lo que cobra ahora, haciendo lo mismo, que es “para lo único que sirve”.

Saldría a las 5 de la tarde a tiempo para recoger a los niños del colegio. Eso sería posible, sólo, si no le obligaran a meter horas extraordinarias (pagadas extraordinariamente, o sea, “fuera de nómina, sin repercusión en la paga extra, ni en el subsidio de paro, ni en la jubilación”. Ahora sabe lo que todo esto significa, porque hasta ahora, después de 9 años de experiencia laboral nunca había tenido un contrato).
O tal vez sería ella quien prolongara la jornada 1 ó 2 horas más para completar el escaso salario al que estamos acostumbradas. Y es que si no se queda ella, otras lo harán. Además, meter horas la ayudaría a “sumar puntos” de cara a la renovación del contrato por sexta vez este año.

Probablemente vería a su familia, entre sueños, durante un rato, 2 ó 3 horas. Hablaría con sus hijos, prepararía los alimentos, limpiaría y ordenaría la casa. Como siempre, este trabajo le toca a ella. Este sí es un contrato indefinido, aunque ella no recuerda haberlo firmado nunca.

Los días libres se le consumen en ir de compras, profundizar la limpieza del hogar, ponerse al día sobre las aventuras de los hijos, de los famosos de la tele, etc., todo lo demás puede esperar a las vacaciones, si la economía le permite cogerlas, claro.

Por la noche, todos ya dormidos, tuvo unos minutos para pensar que “todo sería un poco más fácil si la guardería y el comedor escolar fueran gratuitos,… si la abuela pudiera echarme una mano en lugar de darme más trabajo,…o él,… si pudiera ahorrar para comprarme un coche aunque fuera de segunda mano,… si pudiera encontrar un trabajo mejor,… o al menos, si no tuviera que preocuparme por perder el que tengo,…podría buscar ayuda,…ir a una asociación,…o a un sindicato de esos,…pero para qué,… dicen que las cosas van a cambiar, que han hecho leyes, pero… las leyes aquí no valen, son puras mentiras…”

Podría haber estado toda la noche imaginando, pero estaba tan cansada que se quedó dormida.


Este simple relato ha querido reflejar la situación más común de millones de mujeres que todos los días soportan una doble jornada laboral, tanto dentro como fuera de casa.

Dentro de casa: desde el cuidado de la familia hasta la administración de un hogar, simplezas cotidianas que damos por hecho que corresponden a la mujer. Este trabajo invisible que realizan las mujeres rara vez se reconoce y se comprende, y menos aún, se comparte.

Fuera de casa: con su incorporación al mundo del trabajo, donde, sus condiciones laborales son muy precarias. Eventualidad, contratos temporales, baja calidad de los empleos, segregación ocupacional, paulatina incorporación de la jornada parcial, jornadas irregulares, horarios interminables, sin convenios, sin vacaciones, ni permisos, ni bajas por enfermedad, ni por maternidad, con gran desprotección social, salarios más bajos, y muchísimas veces sin contrato alguno.

Pero seamos “serios o serias” y acudamos a los datos oficiales.
Según el ICANE (Instituto Cántabro de Estadística) sobre el pasado año:

En Cantabria, como en el resto del Estado, casi el 63% de las mujeres son consideradas inactivas. De éstas, cerca del 30% se ocupa del trabajo doméstico. El resto son estudiantes, jubiladas o prejubiladas, o perciben alguna pensión, y suponemos que también carguen con el trabajo de su hogar.
El 37% del total de las mujeres se consideran activas, es decir, buscan un trabajo fuera de casa, pero poco menos de la mitad están trabajando, el resto está en paro. El paro femenino casi es el doble que el masculino.
El paro femenino afecta sobre todo a las edades comprendidas entre 25 y 34 años, es decir, mujeres jóvenes.
Sólo el 11% de las mujeres tiene un contrato indefinido, mientras que el 89% tiene contratos temporales (por obra o servicio, por circunstancias de la producción, o interinidad).
Como siempre, en los estudios estadísticos no aparecen los porcentajes de personas que trabajan sin contrato, que en el caso de las mujeres es bastante alto, sobre todo en ciertas actividades como el empleo doméstico.
El 96% de las mujeres trabaja en el sector servicios, es decir, comercio, hostelería, educación, sanidad, servicios sociales y empleo doméstico.
En cuanto al tipo de jornada laboral, el 83% de mujeres trabaja a jornada parcial.

En resumen: más inseguridad, más inestabilidad y más precariedad.

La precariedad, al igual que la pobreza, tiene cara de mujer. Está claro que la precariedad afecta a todos los trabajadores, por el simple hecho de serlo, en un sistema capitalista donde la explotación y la desigualdad están a la orden del día, donde la acumulación de capital es una batalla diaria para el empresario, a cualquier precio. Y las mujeres se llevan la peor parte. Pero aún existen situaciones mucho peores cuando hablamos de la mujer inmigrante, muchas viviendo sin papeles, en la ilegalidad, obligadas a aceptar cualquier tipo de trabajo a cambio de ingresos miserables, abusos y jornadas laborales interminables.

Este 8 de marzo, día de la mujer trabajadora, reivindicamos un año más el derecho de la mujer a un trabajo digno, fijo y seguro, en estos tiempos de capitalismo atroz, de precariedad, discriminación y violencia machista.
Decimos:
“Mujer, no te pierdas en el silencio, organízate y lucha”.

GRUPO DE MUJERES DEL SINDICATO UNITARIO DE CANTABRIA

MÁS DE 100.000 PRECARIOS EN CANTABRIA

En Cantabria, en el tercer trimestre del 2007, había 15.400 parados y 64.100 trabajadores con contrato temporal. De éstos, 55.900 están en el sector privado y 8.200 en el público. Además, del total de trabajadores con empleo, que eran 261.300, en ese momento, 23.300 tenían un contrato a tiempo parcial, o sea, no de jornada completa, de los que, la mayoría eran, a su vez, eventuales.

DATOS PARA CONOCER LA REALIDAD DE LA PRECARIEDAD EN CANTABRIA

Teóricamente, y según la doctrina de la economía oficial, la capacidad económica de un país depende del volumen de su Población Activa, o sea, del número de personas con edad adecuada y dispuestas a trabajar, de la posibilidad real de darles trabajo y de que ese trabajo sea, en términos comparativos, rentable, o sea, que en el mismo tiempo de trabajo, el conjunto de los trabajadores produzcan más y mejor que los de otros países. A más trabajo y más productividad mayor producción de riqueza. Pero, en la producción de la riqueza, no todos los ciudadanos participan de igual manera, ni todos participan, por igual, en sus beneficios. Por eso, hablar de capacidad económica de un país, de producto interior bruto, y de términos semejantes, a los que estamos tan acostumbrados, para la vida de la mayoría de los ciudadanos, suele decir poco o nada. Más real será hablar de posibilidades de llegar a fin de mes, de poder hacer planes de futuro, de asegurar unos ingresos cuando ya no se pueda trabajar, de dar formación a los hijos, de tener una vivienda digna y unos servicios suficientes y de calidad. En resumen, lo que verdaderamente importa es medir hasta qué punto uno puede vivir sin sobresaltos, sin angustias y con capacidad real para elegir entre lo que verdaderamente importa.

Discutir si con este sistema, con esta manera de entender la vida y organizar la economía, esa capacidad de elegir serena y libremente, cada individuo, sobre su vida, puede llegar a tenerla toda o la mayoría de la población, es una cuestión que nunca puede ser ajena a la preocupación de los sindicatos. Pero hacerlo sobre bases concretas, sobre datos de la realidad es una necesidad imperiosa si queremos que otros muchos sean conscientes de la situación y puedan llegar a tener claro si nos debemos conformar con lo esencial de esta manera de organizar la sociedad o debemos trabajar también para intentar transformarla profundamente.

Tradicionalmente, la izquierda ha hablado de la necesidad que tiene el sistema de la existencia de un ejército de parados entre la población, para que la máquina de la explotación funcione y quienes detentan el poder real sobre las personas y las cosas aumenten sus beneficios. Se ha dado por supuesto siempre que, cuantos más parados haya, más fácil será bajar los salarios de los que tienen empleo, con lo que el beneficio del empresario aumenta. Pero la sociedad ha ido evolucionando, de tal manera que ha llegado un momento en que no todos los parados buscaban empleo, bien porque el llamado Estado del Bienestar empezaba a ofrecer ayudas sociales, o bien porque quedaban espacios todavía libres para buscarse la vida individualmente, sin necesidad de trabajar para otro. Y esto no interesaba, no interesa al sistema. El ejército de parados amenazaba con no presionar sobre los salarios de los que tenían empleo, porque “pasaban” de trabajar para otro.

De ahí que, a partir de un momento determinado, las presiones del sistema han ido encaminadas a sustituir el ejército de parados por el de precarios. Dicho de otra manera, el objetivo ahora es que aumente el número de trabajadores y trabajadoras que buscan empleo y que se encuentren en una situación inestable, pasando del paro al contrato eventual y del contrato eventual al paro. Que, consiguientemente, cada vez haya más personas dispuestas a trabajar pero que, además, necesiten trabajar, y que lo necesiten imperiosamente y que no encuentren otra manera que empleándose en trabajar para otro, con los menos derechos posibles, y por el tiempo que sea, aunque sean sólo unas horas. Medidas, encaminadas al logro de este objetivo, vienen siendo el encarecimiento del costo de la vida, sobre todo, de algunos componentes básicos, como la vivienda, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, la reducción de la protección social, no sólo con la disminución del número de parados con subsidio, sino con la reducción de las coberturas de los servicios públicos o su privatización, que nos obliga a pagar, ahora, por muchas cosas que antes teníamos gratis, etc. Y, consiguientemente, el aumento de la población activa, de los que están dispuestos a trabajar y buscan empleo, facilitando el acceso de la mujer al trabajo fuera del hogar, poniendo trabas a quien quiera buscarse la vida por su cuenta, aumentando el número de trabajadores eventuales, de forma que, sin aumentar el paro, cada vez sean más los que se vean afectados por él. La proporción de asalariados cada vez es mayor entre los que trabajan. Y la de precarios también.

En Cantabria, los asalariados oficiales son el 76% de los que trabajan, 210.800 sobre 276.700, a los que, sin duda, hay que añadir una parte importante de los autónomos, falsos autónomos que dependen absolutamente de que les den trabajo empresas mayores, las cuales les fijan los precios, los plazos de entrega y les exigen niveles de calidad, muchas veces inalcanzables. De los asalariados, 171.300 lo son del sector privado y 39.500 del público. Y, dentro de todos ellos, los precarios, sin contrato estable y en el paro, 79.500 sobre 210.800, el 38%. De estos, como queda dicho, 8.200 son del sector público. Condición de precarios tienen, también,, indiscutiblemente, aquellos cuya jornada no es completa y cuyos ingresos son del todo insuficientes. Y la Población Activa, el número de los que trabajan o quieren trabajar, aumenta, año tras año, un 3% en el último, sin que el aumento del empleo lo haga en la misma proporción.

Toda esta situación no la sufren por igual todos los ciudadanos. Existen colectivos especialmente perjudicados, como son, las mujeres y los jóvenes.

En los contratos a tiempo parcial, mientras entre los hombres afectan al 3%, 4.100 sobre 151.700, en las mujeres son 19.200 sobre109.600, el 18%. No obstante, la jornada media entre las mujeres es de 28 horas y la de los hombres de 33. Los jóvenes entre 16 y 24 años trabajan 34 horas semanales de promedio.

La temporalidad, en sus distintas modalidades de contrato, afecta, así mismo, más a las mujeres que a los hombres. 31.000 hombres son eventuales frente a 86.000 fijos, un 27%, mientras que mujeres eventuales son 32.600 frente a 60.600, el 35%. En todo caso, también habrá que analizar, aunque no sea un dato estadístico, el grado en que el componente de precariedad se manifiesta en cada modalidad de contrato temporal de las empleadas (por obra, por circunstancias de la producción, interinidad, etc.) y la incidencia, en número, que cada una de ellas ejerce en el conjunto de los contratos eventuales.

El paro tampoco afecta a todos por igual. De un total de 15.400 parados en el 3er. Trimestre de 2007, 7.900 son hombres frente a 7.500 que son mujeres. Pero la diferencia está en que las paradas representan un 6% del total de mujeres en disposición de trabajar, mientras que, entre los hombres, son el 5%. A esta diferencia habría que añadir la incidencia que sobre los datos pudieran tener las más de 60.000 mujeres que no demandan empleo porque las labores del hogar, de hecho, se lo impiden.

Y el otro colectivo al que afecta el paro y la eventualidad,, de manera especial, es el de los jóvenes. Los jóvenes de 16 a 30 años, representan el 33% del total de población en edad de trabajar, la comprendida entre 16 y 64 años, 118.600 sobre 361.946. De ellos, 28.700 son estudiantes, 6.100 son parados y el resto, 83.400, trabajan, con lo que el índice de paro en esa franja de edad es del 7%. También aquí, el paro afecta más a las mujeres jóvenes. Pero es que de esos 6.100 parados jóvenes, 2.700 lo son de los comprendidos entre los 20 y 24 años, que representan un 8% de los jóvenes de esa edad que no están estudiando.

En cuanto al tiempo en que los parados permanecen en situación de desempleo, el 18% lo encuentra inmediatamente, el 16% al cabo de un mes, el 19% a los dos meses, el 17% entre 3 y 5, el 10% entre 6 y 11, el 7% después de más de un año y un 12% después de más de dos años, con lo que el trasiego constante del paro al contrato eventual y viceversa se confirma. Con todo, los últimos datos apuntan a que, en la actualidad, cada vez cuesta más tiempo pasar del paro al empleo.

La protección por desempleo ha alcanzado al 47% de los parados y un 22% ha percibido la ayuda familiar.

Como dato significativo, los parados, clasificados por su grado de formación, siguen el siguiente orden: el 35% tiene la ESO o equivalente, el 26% bachiller o equivalente, el 25% educación superior y el 14% restante primaria.

En lo que a temporalidad se refiere, el 75% de los jóvenes comprendidos entre 16 y 24 años tiene un contrato eventual, y entre los 25 y 30 años un 40%.

En Cantabria hay 17 ETT´s que han formalizado 15.784 contratos de puesta a disposición (prestamismo laboral) en lo que va de año.

En total, y en lo que va de año, se han firmado 154.819 contratos eventuales, a una media de menos de cinco meses por contrato.

Otros datos que sirven para completar el cuadro pueden ser el salario medio, la pensión media y el porcentaje de personas que viven por debajo del umbral de pobreza.

El salario medio, en Cantabria, asciende a 21.357 € /año, siendo el salario medio de las mujeres un 27% menor que el de los hombres.

Los ingresos por hogar, en nuestra Comunidad Autónoma, oscilan desde menos de 9.000 € /año, con un 13,7% de hogares, un 13,2% con ingresos de 9.000 a 14.000, un 18,3% de 14.000 a 19.000 y un 16% con ingresos entre 19.000 y 25.000 € /año. Hay un 20,8% que ingresa más de 35.000 € /año.

En España, el umbral de pobreza estaba fijado, en 2006, en 6.278 € /año. En Cantabria, el 15% de las personas viven con ingresos inferiores a esa cantidad. Serían más de 80.000 personas.

Por último, la pensión media, en Cantabria, se sitúa en 678 € /mes (9.492 al año), siendo la de jubilación de 765 y la de viudedad de 500 € /mes.

Todos estos números explican (¿?) que, a lo largo de 2007, apenas haya habido conflictividad laboral (cero huelgas hasta la de Moehs), que se hayan autorizado expedientes de suspensión de contrato que afectan a 837 trabajadores sin que haya habido respuesta alguna, que las demandas presentadas en los Juzgados de lo Social hayan sido sólo 1.253, que las conciliaciones alcanzadas sin llegar al juzgado hayan sido 174, y que hasta el momento haya más de 114.000 asalariados pendientes de que se renueve su convenio.

Y el dato estrella: el valor estimado del trabajo oculto, no contabilizado, de las mujeres en el hogar, según estudios recientes, alcanzaría, en Cantabria, el 40% del Producto Interior Bruto o, lo que traducido en dinero, serían 1.300.000.000 € anuales (mil trescientos millones)

------------------------------------
¡Ojo! Los datos del paro de noviembre último elevan el número total de parados a 20.702, si bien las proporciones aquí estudiadas no cambiarán significativamente.