miércoles, 19 de marzo de 2008

MÁS DE 100.000 PRECARIOS EN CANTABRIA

En Cantabria, en el tercer trimestre del 2007, había 15.400 parados y 64.100 trabajadores con contrato temporal. De éstos, 55.900 están en el sector privado y 8.200 en el público. Además, del total de trabajadores con empleo, que eran 261.300, en ese momento, 23.300 tenían un contrato a tiempo parcial, o sea, no de jornada completa, de los que, la mayoría eran, a su vez, eventuales.

DATOS PARA CONOCER LA REALIDAD DE LA PRECARIEDAD EN CANTABRIA

Teóricamente, y según la doctrina de la economía oficial, la capacidad económica de un país depende del volumen de su Población Activa, o sea, del número de personas con edad adecuada y dispuestas a trabajar, de la posibilidad real de darles trabajo y de que ese trabajo sea, en términos comparativos, rentable, o sea, que en el mismo tiempo de trabajo, el conjunto de los trabajadores produzcan más y mejor que los de otros países. A más trabajo y más productividad mayor producción de riqueza. Pero, en la producción de la riqueza, no todos los ciudadanos participan de igual manera, ni todos participan, por igual, en sus beneficios. Por eso, hablar de capacidad económica de un país, de producto interior bruto, y de términos semejantes, a los que estamos tan acostumbrados, para la vida de la mayoría de los ciudadanos, suele decir poco o nada. Más real será hablar de posibilidades de llegar a fin de mes, de poder hacer planes de futuro, de asegurar unos ingresos cuando ya no se pueda trabajar, de dar formación a los hijos, de tener una vivienda digna y unos servicios suficientes y de calidad. En resumen, lo que verdaderamente importa es medir hasta qué punto uno puede vivir sin sobresaltos, sin angustias y con capacidad real para elegir entre lo que verdaderamente importa.

Discutir si con este sistema, con esta manera de entender la vida y organizar la economía, esa capacidad de elegir serena y libremente, cada individuo, sobre su vida, puede llegar a tenerla toda o la mayoría de la población, es una cuestión que nunca puede ser ajena a la preocupación de los sindicatos. Pero hacerlo sobre bases concretas, sobre datos de la realidad es una necesidad imperiosa si queremos que otros muchos sean conscientes de la situación y puedan llegar a tener claro si nos debemos conformar con lo esencial de esta manera de organizar la sociedad o debemos trabajar también para intentar transformarla profundamente.

Tradicionalmente, la izquierda ha hablado de la necesidad que tiene el sistema de la existencia de un ejército de parados entre la población, para que la máquina de la explotación funcione y quienes detentan el poder real sobre las personas y las cosas aumenten sus beneficios. Se ha dado por supuesto siempre que, cuantos más parados haya, más fácil será bajar los salarios de los que tienen empleo, con lo que el beneficio del empresario aumenta. Pero la sociedad ha ido evolucionando, de tal manera que ha llegado un momento en que no todos los parados buscaban empleo, bien porque el llamado Estado del Bienestar empezaba a ofrecer ayudas sociales, o bien porque quedaban espacios todavía libres para buscarse la vida individualmente, sin necesidad de trabajar para otro. Y esto no interesaba, no interesa al sistema. El ejército de parados amenazaba con no presionar sobre los salarios de los que tenían empleo, porque “pasaban” de trabajar para otro.

De ahí que, a partir de un momento determinado, las presiones del sistema han ido encaminadas a sustituir el ejército de parados por el de precarios. Dicho de otra manera, el objetivo ahora es que aumente el número de trabajadores y trabajadoras que buscan empleo y que se encuentren en una situación inestable, pasando del paro al contrato eventual y del contrato eventual al paro. Que, consiguientemente, cada vez haya más personas dispuestas a trabajar pero que, además, necesiten trabajar, y que lo necesiten imperiosamente y que no encuentren otra manera que empleándose en trabajar para otro, con los menos derechos posibles, y por el tiempo que sea, aunque sean sólo unas horas. Medidas, encaminadas al logro de este objetivo, vienen siendo el encarecimiento del costo de la vida, sobre todo, de algunos componentes básicos, como la vivienda, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, la reducción de la protección social, no sólo con la disminución del número de parados con subsidio, sino con la reducción de las coberturas de los servicios públicos o su privatización, que nos obliga a pagar, ahora, por muchas cosas que antes teníamos gratis, etc. Y, consiguientemente, el aumento de la población activa, de los que están dispuestos a trabajar y buscan empleo, facilitando el acceso de la mujer al trabajo fuera del hogar, poniendo trabas a quien quiera buscarse la vida por su cuenta, aumentando el número de trabajadores eventuales, de forma que, sin aumentar el paro, cada vez sean más los que se vean afectados por él. La proporción de asalariados cada vez es mayor entre los que trabajan. Y la de precarios también.

En Cantabria, los asalariados oficiales son el 76% de los que trabajan, 210.800 sobre 276.700, a los que, sin duda, hay que añadir una parte importante de los autónomos, falsos autónomos que dependen absolutamente de que les den trabajo empresas mayores, las cuales les fijan los precios, los plazos de entrega y les exigen niveles de calidad, muchas veces inalcanzables. De los asalariados, 171.300 lo son del sector privado y 39.500 del público. Y, dentro de todos ellos, los precarios, sin contrato estable y en el paro, 79.500 sobre 210.800, el 38%. De estos, como queda dicho, 8.200 son del sector público. Condición de precarios tienen, también,, indiscutiblemente, aquellos cuya jornada no es completa y cuyos ingresos son del todo insuficientes. Y la Población Activa, el número de los que trabajan o quieren trabajar, aumenta, año tras año, un 3% en el último, sin que el aumento del empleo lo haga en la misma proporción.

Toda esta situación no la sufren por igual todos los ciudadanos. Existen colectivos especialmente perjudicados, como son, las mujeres y los jóvenes.

En los contratos a tiempo parcial, mientras entre los hombres afectan al 3%, 4.100 sobre 151.700, en las mujeres son 19.200 sobre109.600, el 18%. No obstante, la jornada media entre las mujeres es de 28 horas y la de los hombres de 33. Los jóvenes entre 16 y 24 años trabajan 34 horas semanales de promedio.

La temporalidad, en sus distintas modalidades de contrato, afecta, así mismo, más a las mujeres que a los hombres. 31.000 hombres son eventuales frente a 86.000 fijos, un 27%, mientras que mujeres eventuales son 32.600 frente a 60.600, el 35%. En todo caso, también habrá que analizar, aunque no sea un dato estadístico, el grado en que el componente de precariedad se manifiesta en cada modalidad de contrato temporal de las empleadas (por obra, por circunstancias de la producción, interinidad, etc.) y la incidencia, en número, que cada una de ellas ejerce en el conjunto de los contratos eventuales.

El paro tampoco afecta a todos por igual. De un total de 15.400 parados en el 3er. Trimestre de 2007, 7.900 son hombres frente a 7.500 que son mujeres. Pero la diferencia está en que las paradas representan un 6% del total de mujeres en disposición de trabajar, mientras que, entre los hombres, son el 5%. A esta diferencia habría que añadir la incidencia que sobre los datos pudieran tener las más de 60.000 mujeres que no demandan empleo porque las labores del hogar, de hecho, se lo impiden.

Y el otro colectivo al que afecta el paro y la eventualidad,, de manera especial, es el de los jóvenes. Los jóvenes de 16 a 30 años, representan el 33% del total de población en edad de trabajar, la comprendida entre 16 y 64 años, 118.600 sobre 361.946. De ellos, 28.700 son estudiantes, 6.100 son parados y el resto, 83.400, trabajan, con lo que el índice de paro en esa franja de edad es del 7%. También aquí, el paro afecta más a las mujeres jóvenes. Pero es que de esos 6.100 parados jóvenes, 2.700 lo son de los comprendidos entre los 20 y 24 años, que representan un 8% de los jóvenes de esa edad que no están estudiando.

En cuanto al tiempo en que los parados permanecen en situación de desempleo, el 18% lo encuentra inmediatamente, el 16% al cabo de un mes, el 19% a los dos meses, el 17% entre 3 y 5, el 10% entre 6 y 11, el 7% después de más de un año y un 12% después de más de dos años, con lo que el trasiego constante del paro al contrato eventual y viceversa se confirma. Con todo, los últimos datos apuntan a que, en la actualidad, cada vez cuesta más tiempo pasar del paro al empleo.

La protección por desempleo ha alcanzado al 47% de los parados y un 22% ha percibido la ayuda familiar.

Como dato significativo, los parados, clasificados por su grado de formación, siguen el siguiente orden: el 35% tiene la ESO o equivalente, el 26% bachiller o equivalente, el 25% educación superior y el 14% restante primaria.

En lo que a temporalidad se refiere, el 75% de los jóvenes comprendidos entre 16 y 24 años tiene un contrato eventual, y entre los 25 y 30 años un 40%.

En Cantabria hay 17 ETT´s que han formalizado 15.784 contratos de puesta a disposición (prestamismo laboral) en lo que va de año.

En total, y en lo que va de año, se han firmado 154.819 contratos eventuales, a una media de menos de cinco meses por contrato.

Otros datos que sirven para completar el cuadro pueden ser el salario medio, la pensión media y el porcentaje de personas que viven por debajo del umbral de pobreza.

El salario medio, en Cantabria, asciende a 21.357 € /año, siendo el salario medio de las mujeres un 27% menor que el de los hombres.

Los ingresos por hogar, en nuestra Comunidad Autónoma, oscilan desde menos de 9.000 € /año, con un 13,7% de hogares, un 13,2% con ingresos de 9.000 a 14.000, un 18,3% de 14.000 a 19.000 y un 16% con ingresos entre 19.000 y 25.000 € /año. Hay un 20,8% que ingresa más de 35.000 € /año.

En España, el umbral de pobreza estaba fijado, en 2006, en 6.278 € /año. En Cantabria, el 15% de las personas viven con ingresos inferiores a esa cantidad. Serían más de 80.000 personas.

Por último, la pensión media, en Cantabria, se sitúa en 678 € /mes (9.492 al año), siendo la de jubilación de 765 y la de viudedad de 500 € /mes.

Todos estos números explican (¿?) que, a lo largo de 2007, apenas haya habido conflictividad laboral (cero huelgas hasta la de Moehs), que se hayan autorizado expedientes de suspensión de contrato que afectan a 837 trabajadores sin que haya habido respuesta alguna, que las demandas presentadas en los Juzgados de lo Social hayan sido sólo 1.253, que las conciliaciones alcanzadas sin llegar al juzgado hayan sido 174, y que hasta el momento haya más de 114.000 asalariados pendientes de que se renueve su convenio.

Y el dato estrella: el valor estimado del trabajo oculto, no contabilizado, de las mujeres en el hogar, según estudios recientes, alcanzaría, en Cantabria, el 40% del Producto Interior Bruto o, lo que traducido en dinero, serían 1.300.000.000 € anuales (mil trescientos millones)

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¡Ojo! Los datos del paro de noviembre último elevan el número total de parados a 20.702, si bien las proporciones aquí estudiadas no cambiarán significativamente.

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